Reflexiones sobre el puente: Acercarse a la gente y entregarse a la ciudad

Tradicionalmente, la belleza de un puente o de una pasarela se medía por su esbeltez y por la finura del ajuste entre estructura y construcción. A estos factores formales se ha unido siempre la oportunidad de dicho puente (es decir la necesidad de cubrir un vacío o la urgencia de comunicar dos puntos). Ahora, cada vez más, adquiere importancia en el diseño de las pasarelas la  reorganización de los recorridos urbanos que ofrecen los puentes.

Continuar el Paseo de Ronda de Pamplona fue durante años un anhelo  de los pamplonicas y de los urbanistas de esa ciudad. Se trataba de comunicar el Baluarte y el Fuerte de San Bartolomé. Hoy el puente peatonal que Carlos Pereda y Óscar Perez (Pereda/Pérez Arquitectos) realizaron con Nacho Olite cumple ese papel y acerca la ciudad histórica al ensanche urbano en una zona que limitan las murallas.

Más allá de permitir acceso y conexión entre una ciudad estrecha y medieval y otra moderna y vertical, la nueva pasarela en forma de Y salta por encima de las murallas deshaciendo puntualmente los obstáculos de la historia sin afectar para nada a la memoria de esa historia. Lo que sí hace desaparecer el puente, borrándolo, es el tráfico rodado, reconquistando así los paseos para el peatón. De este modo, más allá de contribuir a la historia y de borrar los problemas actuales, la pasarela Labrit tiende, ella misma, a desaparecer. Limpia, unitaria y estratégica, se funde con un contexto en el que el acero cortén parece parte del lugar. Su propia forma quebrada, como un sendero que se bifurca, obedece a su entrega a las geometrías existentes: el paseo junto al Fuerte o el Frontón Labrit. La voluntad del puente es entregarse a ese cruce de caminos, ponerse a los pies del ciudadano, pero también recorrer –de los cimientos al aire- toda la escala de la ciudad. Salvando un desnivel de casi cuatro metros, el puente soluciona con limpieza y contención la conexión de los peatones. De lejos funciona como un trazo, como una escultura seca; de cerca recibe al peatón con lamas de madera de ipe y con unos peldaños de hormigón que se convierten en banco al llegar al suelo.

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Fuente: http://blogs.elpais.com/del-tirador-a-la-ciudad/2012/10/acercarse-a-la-gente-y-entregarse-a-la-ciudad.html

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