El edificio es el anuncio

 

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Se espera de los edificios que sepan ampliar sus programas y reducir sus costes. Se espera de los arquitectos que demuestren cómo la mejor arquitectura es capaz de adelantar el futuro sin dejar de escuchar al pasado atendiendo, además, a las condiciones, estrictas y esforzadas, del presente. En Navarra, el Centro Polivalente Valle de Salazar cumple todo ese rosario de condicionantes. El edificio tiene dos memorias, una inmediata: el contexto industrial y la voluntad de industrializar el valle, y otra histórica: el paisaje boscoso de la zona y la tradición constructiva local, con cubiertas a dos aguas y madera de pino. Además, el inmueble soporta un programa flexible apoyado en tres características fundamentales: es un edificio visible, identificable y polivalente. Los arquitectos madrileños Gutiérrez-Delafuente, le añadieron, además, un nuevo atributo: la humildad. Un edificio anuncio puede ser funcional, sencillo y también humilde.

 

Acostumbrados a lidiar con los problemas y habituados a resolverlos, Natalia Gutiérrez Sánchez  y Julio de la Fuente Martínez (ambos nacidos en Madrid, en 1980) trabajaron en París antes de formar estudio juntos. En las oficinas de Jean Nouvel vieron mundo y, así, pertenecen a una generación amplia de miras, crecida con una visión y una distancia que les permiten fundir futuro e historia en propuestas de gran realismo, como este centro polivalente.

El referente territorial del edificio es el Valle de Salazar, cerca del Pirineo, una zona que el Gobierno navarro quiere cuidar y desarrollar. Por eso el nuevo edificio estaba llamado a una tarea múltiple como centro de información y como oficinas temporales para las futuras nuevas empresas. La idea era anunciar el nuevo servicio con el nuevo inmueble. Hablar de nuevas posibilidades de trabajo sin descuidar el paisaje que también forma parte de la identidad plural de ese lugar.

Los arquitectos resolvieron la aparente contradicción de barajar industria y naturaleza  con un edificio forrado, en fachadas y cubierta, con panel de chapa de acero microperfilada tatuado con el grafismo del estudo Tres tipos gráficos. La cubierta a dos aguas alude a la tradición constructiva local, mientras que la chapa remite al entorno industrial, el deseable para el futuro laboral de la zona. En los interiores, de nuevo aparece la madera de pino local y también los pavimentos, de piedra caliza, remiten a los minerales de la zona.

Hay más presencia indirecta del lugar. En medio de una zona boscosa, la calefacción funciona con caldera de biomasa, pero además el inmueble está aislado con lana mineral de un espesor muy superior al exigido para asegurar un comportamiento energético óptimo. Por lo demás, la distribución interior es plural, con zonas más públicas y espacios más privados, y  flexible: está preparada para los cambios que debe ser capaz de absorber un edificio que quiere abrir una puerta al futuro.

 

Fuente: ElPais

 

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