El Guggenheim acoge desde el 20 de septiembre la muestra 'Arquitectura habitada'

El Museo Guggenheim Bilbao acogerá desde el próximo día 20 y hasta el 19 de mayo de 2013 Arquitectura habitada, una nueva muestra de obras pertenecientes a la colección propia de la pinacoteca, que reflexiona en torno al concepto de arquitectura y su capacidad para sugerir "un pasado o un presente creado por nosotros y nuestras relaciones con los demás".

Según ha explicado el Museo, "Arquitectura entendida en los mismos términos que planteó en 1881 William Morris, impulsor del movimiento Arts and Crafts: todo el ambiente físico que rodea la vida humana, no podemos escaparnos de la arquitectura mientras formemos parte de la civilización, porque la arquitectura representa el conjunto de modificaciones y alteraciones introducidas en la superficie terrestre, para satisfacer las necesidades humanas, exceptuando sólo el puro desierto".

Por tanto, ha indicado que "es una arquitectura que abarca no sólo los edificios o construcciones habitables, sino las ciudades, sus calles, mobiliario y, en definitiva, todo aquello creado por la mano del hombre".

La exposición incluye seis obras pertenecientes a la colección propia del Museo de cinco artistas internacionales que reflexionan en torno a la ocupación del espacio como lugar de narrativas ya existentes o que están a punto de ser creadas por el espectador.

Con ocasión de esta muestra, se presentan por primera vez en el Museo Guggenheim Bilbao las obras ¿Cómo te vas a comportar? Un gato de cocina habla (How are you going to behave? A kitchen cat speaks, 2009) del artista británico Liam Gillick; Sin título (2008), de Doris Salcedo; Hogar (Home, 1999) de Mona Hatourm; y Formas de vida 304 (Life Forms 304, 2003), de Pello Irazu. Completan la exposición los trabajos de Cristina Iglesias, Sin título (Habitación de alabastro), de 1993 y Sin título (Celosía II), de 1997.

En la sala 303 se expone la obra ¿Cómo te vas a comportar? Un gato de cocina habla (How are you going to behave? A kitchen cat speaks, 2009) producida originariamente para el pabellón alemán de la Bienal de Venecia de 2009 por el artista británico Liam Gillick (Aylesbury, 1964) y donada al Museo Guggenheim Bilbao.

Esta instalación consta de una cocina modular realizada en madera de pino, basada en la cocina Frankfurt, diseñada en los años veinte por la arquitecta y activista antinazi Margarete Schütte-Lihotzky para un complejo de viviendas sociales.

En este trabajo, Liam Gillick evoca la utopía moderna del acceso al diseño de calidad y el discurso moderno sobre el espacio habitable, temas recurrentes en su trayectoria artística. Dentro de la instalación, un gato disecado, sentado sobre uno de los módulos, habla al observador de encuentros, relaciones, utopía y melancolía, sueños y desilusiones, el paso del tiempo y la transformación, llenando de sonido el espacio expositivo y la mente del espectador, explican desde el museo bilbaíno.

La sala 302 acoge dos obras de Cristina Iglesias y la escultura Sin título (2008) de Doris Salcedo (Bogotá, 1958). El trabajo de la artista colombiana es parte de una serie, aún en curso, iniciada en 1989, la más extensa hasta la fecha. Se trata de un amplio conjunto de ensamblajes en los que el mobiliario doméstico se utiliza como vehículo para explorar la convulsa historia política de su Colombia natal. "Todas las obras que he hecho hasta ahora contienen evidencias de primera mano de una víctima real de la guerra en Colombia", indica.

En la pieza de Doris Salcedo el mobiliario envejecido por el uso se combina de forma híbrida y dislocada, sus cavidades y superficies fraccionadas se recubren de hormigón. A través de sus cualidades materiales, las formas resultantes funcionan como "testigos mudos de experiencias traumáticas", tanto personales como colectivas.

Frente a ella se presenta la obra Sin título (Celosía II, 1997) de la artista vasca Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) en la que reinterpreta el característico enrejado de los confesionarios de las iglesias católicas o de los serrallos musulmanes, "pervirtiendo su funcionalidad al impedir que este objeto escultórico pueda ser habitado y, por lo tanto, planteando una visión desierta y unidireccional del exterior al interior de la misma". "Estas limitaciones incomodan nuestra curiosidad, plantean una ausencia de interlocutor y, como el título indica con el doble significado de la palabra celosía, nos habla de deseos no cumplidos, recelos e inquietudes y anhelos no correspondidos", ha indicado el Museo.

También de Cristina Iglesias, la obra Sin título (Habitación de alabastro, 1993), suspendida de la pared, presenta una arquitectura abierta y translúcida, en la que el espectador se ve protegido por la consistencia y fragilidad del alabastro. La obra Hogar (Home, 1999) de la artista británica de origen libanés Mona Hatoum (Beirut, 1952), que ocupa la sala 301 del Museo, se compone de una mesa sobre la cual reposan varios utensilios de cocina conectados entre sí mediante pinzas y cables de metal, que a su vez están enchufados a una toma de corriente.

A través de un programa informático la electricidad alimenta pequeñas bombillas ocultas bajo algunos de los objetos a frecuencia e intensidad variables, mientras el zumbido de la corriente eléctrica se amplifica mediante altavoces. El conjunto queda acotado con una serie de cables de acero horizontales que separan al espectador de estos objetos potencialmente letales.

Por último, el artista gipuzkoano Pello Irazu (Andoain, 1963) transforma el espacio expositivo con Formas de vida 304 (Life Forms 304, 2003). La arquitectura de la galería 304 forma parte de la instalación mediante una pintura mural que rodea al espectador a modo de pentagrama, modificando nuestra percepción del espacio. 


Fuente: LaVanguardia

 

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