Arquitectos con sello verde que sí tienen trabajo.

El viaje hacia una arquitectura responsable y sostenible acaba de empezar. Desde los albores de los tiempos se ha construido de una forma bioclimática, utilizando materiales autóctonos y biodegradables. Pero era debido a las circunstancias, no a una conciencia sostenible”. Así conciben su trabajo en Quarkarquitectos, estudio con sede en Málaga, donde sus dos jóvenes socios arrancaron en 2006, apenas dos años antes de que la burbuja inmobiliaria estallara y dejara a decenas de profesionales del gremio con ganas y sin trabajo.

En esta provincia, uno de los puntos calientes de la peor cara del exceso del ladrillo, los arquitectos Kusha Ghoreishi y Guillermo Casado han sabido dar la vuelta a edificios ineficientes y derrochadores de energía combinando técnicas y materiales milenarios y tecnología vanguardista. “Actualizamos lo tradicional con tecnología contemporánea y podemos sobrevivir solo gracias a esto”, cuenta Ghoreishi, de origen iraní. Él y su socio pudieron crear el estudio tras entrar en la cantera de proyectos spin-off de la Universidad de Málaga por su visión de una arquitectura más amable con el entorno. “Ahora tenemos sobre todo clientes particulares interesados en casas pasivas por su escaso impacto ambiental”.

La Administración y la industria les ha confiado desde 2006 varios proyectos, pero dada la escasez de fondos públicos y el ahogo de las empresas, sus principales encargos por el momento son de particulares “que quieren hacer una rehabilitación energética de sus viviendas; suelen ser extranjeros, con un elevado nivel cultural y conciencia ecológica”, explican. Las fachadas vegetales son la marca de su empresa, como las que cuelgan de una nave industrial en Granada, donde la experiencia en producción agrícola de los propietarios permite mantener, sustituir y cuidar todas las especies vegetales que sirven para el cerramiento del edificio y para reciclar las aguas grises, que luego se utilizan para el riego. Aquí, el aislamiento se ha conseguido a base de corcho, cáñamo, tierra comprimida y cal, lo cual le ha valido a este edificio la calificación más alta de eficiencia energética en el registro andaluz.

En un proyecto de vivienda particular en Vícar, en la provincia de Almería, el sistema de refrigeración de la casa bebe del milenario modelo persa de las torres de viento, creando circulaciones de aire que se enfrían al contacto con el agua y refrescan la vivienda, que aprovecha la balsa sobre la que se ha levantado para refrescarse. Estos arquitectos también plasman el rescate de lo antiguo en los proyectos que eligen, como el cortijo La Píndola, en la malagueña Ronda, que ha sido transformado en incubadora de empresas artísticas y culturales manteniendo la estructura original, muy dañada.

La apuesta verde de estos arquitectos está siendo su única baza para sacar la cabeza en un sector engullido por la crisis económica. “Los que no están metidos en esto lo pasan peor, otros se han ido al extranjero”, según Ghoreishi. Ahora es el momento de diversificar su negocio, con incursiones en el ecodiseño y mobiliario de alta gama, intentando aguantar hasta que el mal momento pase.

 

Fuente: ecohabitar

 

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