Pierre Cardin quiere regalar una torre de luz a Venecia.

El Palais Lumière, el proyecto de Pierre Cardin para construir una torre de 255 metros entre Mestre y Marghera, las zonas industriales más degradadas del extrarradio de Venecia es la polémica de esta Bienal de Arquitectura, como lo fue hace años el proyecto de François Pinault, que finalmente se ha plasmado en el museo de Punta della Dogana de Tadao Ando.

El viernes el modisto francés presentó a la prensa Palais Lumière-Una escultura habitable, para explicar a la ciudadanía que se trata de un proyecto amable, que no perturbará la ciudad y que “ni siquiera se verá desde Venecia”, según afirmó el alcalde de la ciudad Orsoni, cuando decidió apoyar el proyecto. Al profesor Salvatore Settis, histórico del arte y ex presidente del consejo superior de los Bienes Culturales italianos, que le acusa de malvender su ciudad, el alcalde contesta que “no se puede escayolar Venecia”. Así, mientras la polémica resuena en los bares y los pabellones, Cardin ha desembarcado en Venecia para demostrar con fotos, vídeos, maquetas y renders informáticos las virtudes del proyecto, que costará más de 2.000 millones de euros, una inversión de tal envergadura que parece un espejismo. “Su impacto será nefasto, es la última profanación de Venecia”, asegura Settis, que dimitió de su cargo por desencuentros con el gobierno Berlusconi.

Sin embargo Cardin, que nació en San Biagio di Callalta, en la provincia de Treviso, de padres venetos y que posee una residencia en el centro histórico de Venecia, está decidido a “regalar una torre de luz a la ciudad”. Por ello, a pesar de haber cumplido 90 años en julio, ha venido a explicar a los venecianos su proyecto con las palabras clave de lo políticamente correcto: “bonificación de terrenos, interés social y eco-sostenibilidad”. El pasado sábado en presencia de más de 3.000 invitados inauguraró la muestra, que como todo evento collaterale de la Bienal, cerrará sus puertas el 25 de noviembre, pero a diferencia de los demás será gratuita. Sin embargo, se mantiene el problema de la altura de la torre y el proyecto aún no ha sido aprobado por el Enac, el ente nacional para la aviación civil, considerada su proximidad al aeropuerto. Cardin dice que está dispuesto a respetar sus decisiones, pero “si habrá una disminución no será radical”, aseguran fuentes del proyecto y explican que será una especie de ciudad vertical con 65 plantas habitables, realizadas con tres torres de alturas distintas que enlazan seis discos, destinados a espacios públicos, alejados entre ellos 35 metros, que se inspiran en tres flores unidos por una cinta. No extraña que asuste, pero Cardin ajeno a la polémica, ayer aseguraba que “el Palais Lumière es el inicio de un nuevo Renacimiento para Venecia y el Veneto”.

 

Fuente: ElPais

 

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